Corra a la Santidad

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El Papa Juan Pablo II falleció el 2 de abril de 2005.[1] Durante su funeral, seis días después, grandes multitudes se reunieron para darle el último adiós al papa. Mientras cantaban al unísono: “¡Sancto Subito!” ellos pedían su inmediata santificación. Como usted probablemente ya sabe, la canonización es el proceso mediante el cual algunas de las iglesias más tradicionales le otorgan a una persona el título más alto, el de Santo. El proceso requiere una revisión exhaustiva de la vida y obra de la persona y una elección democrática llevada a cabo por representantes de la iglesia. No me opongo a que reconozcamos formalmente a nuestros héroes de la fe; sin embargo, la Biblia llama santos a todos los creyentes y seguidores de Jesucristo. Usted y yo somos santos por medio de la fe. Aunque nunca seamos canonizados, hemos sido hechos santos mediante la permanencia en él, tal cual como lo declara Apocalipsis (Apocalipsis 14:12 NVI):

¡En esto consiste la perseverancia de los santos,
los cuales obedecen los mandamientos de Dios
y se mantienen fieles a Jesús!

A la luz de esto, me gustaría compartir con usted cómo mi entrenamiento para la maratón me trajo a un nivel mayor de santidad del alma.

Corriendo la Carrera
¿Qué tiene que ver la maratón con santificar a la gente? Pues bien, en primer lugar, la fe Cristiana siempre se compara con una carrera de fondo. La Biblia está llena de referencias que nos hablan de esto. Hebreos 12:1b LBLA, por ejemplo, lee: “…corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.” San Pablo nos dice en 2 Timoteo 4:7-8a DHH: “He peleado la buena batalla, he llegado al término de la carrera, me he mantenido fiel. Ahora me espera la corona merecida que el Señor, el Juez justo, me dará en aquel día.”

Segundo, el correr la carrera de la fe es una metáfora del vivir la fe Cristiana en la plenitud de bondad, virtud y dignidad de ser imitada. La bondad, la virtud, y la vida ejemplar son el resultado de una conversión profunda del corazón que viene como resultado de dedicar nuestras vidas a Dios. El terminar la carrera es lo más parecido a un milagro; el momento de coronación de la santidad.

Escoja un Buen Plan
Decida cual plan usted va a seguir. Si no ha decidido cual plan va a seguir para el evento, lo más probable es que usted no podrá terminar la maratón. Para correr la maratón, es crucial que escoja el plan de entrenamiento correcto para que sepa cómo entrenar. Es todavía más importante que usted siga este plan al pie de la letra.

Igualmente en su vida de fe, usted necesita decidir por Jesús cada día. Si no ha hecho una decisión por Jesús aún, déjeme decirle que será ya muy tarde en el día del juicio final. Pero si usted ya ha decidido seguirle, entonces usted es hecho “¡Sancto Subito!” por medio de su fe en él. De la misma manera en que el correr le constituye en corredor, el seguir a Jesucristo le constituye en santo. Es importante seguir el plan de alguien que ya ha corrido la carrera antes que usted. Como cristiano, yo creo que Jesucristo ya lo hizo primero antes que yo, y eso lo califica para que yo pueda seguir su plan. Siendo que yo he escogido seguir su plan, necesito seguirlo al pie de la letra, la letra de su palabra que él me ha dejado.

Corra a Su Propio Ritmo
Para poder correr una maratón, usted necesita entender su cuerpo, correr al ritmo que su cuerpo pueda soportar y al cual usted haya entrenado. Si corre muy duro y muy rápido, usted corre el riesgo de salir lesionado y de fracasar en la carrera como consecuencia. No importa cuan rápido le invite a correr la música que escuche en la ruta de la maratón, o la música en sus audífonos o cuanto le estimule el fluido de adrenalina en su cuerpo, usted debe correr al ritmo en el cual entrenó.

Igualmente en su vida de fe, es crítico que usted corra al ritmo que ha escogido correr. No se preocupe por el hecho de que los demás están creciendo a un ritmo tremendamente acelerado o porque otros se le adelanten a usted en la carrera. Solamente disfrute su caminar, o mejor dicho, su carrera, con el Señor. Él correrá con usted a su propio ritmo.

Corra con Perseverancia
Independientemente de cuánto usted haya entrenado, las últimas millas de una carrera son siempre un reto. Es el entrenamiento y el deseo de alcanzar la meta (o la línea final) lo que lo mantiene con su mente enfocada y le ayuda a seguir adelante. Este enfoque le ayuda a mantenerle corriendo a pesar de las piernas cansadas y los músculos encalambrados, y perseverar hasta la meta.

Igualmente en su vida de fe, puede que esté agotado en ocasiones; que cuestione si podrá llegar hasta el final, y si tendrá la capacidad de terminar. Enfóquese en la meta final; no es una medalla de hierro o acero lo que le espera, sino la corona de vida que el mismo Señor le entregará en aquel día. Esa corona le ayudará a mantenerse fiel y seguir corriendo.

Le exhorto a correr su propia carrera con perseverancia. Sepa que un día, a usted se le dará la bienvenida al Reino con palabras que hacen eco de las que escribiera San Pablo y fueron citadas anteriormente:

Has peleado la buena batalla, has llegado al término de la carrera, te has mantenido fiel. Ahora recibe la corona merecida que yo el Señor, el Juez justo, te doy hoy. Bienvenido al Reino de los santos.

Si usted es como yo y está interesado en vivir su vida para dar mayor gloria a Dios, use la experiencia del correr no solamente como un medio de ejercicio físico y de salud, sino también como una manera de crecer en la santidad para dar mayor gloria a Dios. Vaya y corra a la santidad.




Notas:
[1] Funeral del papa Juan Pablo II, Wikipedia, Accedido por última vez el 11/15/2012.

¿Dónde está la Línea?

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Las playas de Venice estaban cargadas de electricidad. La gente se agrupaba por todas partes; emocionadas, nerviosas, expectantes. Eran las seis en esta mañana de otoño. Los niveles de ansiedad, del tipo saludable, se levantaban junto con el sol. Hacía frío, sí, pero solamente el clima. La gente era cálida, amable y estaba muy alerta. Estaba nublado, sí, pero solamente el aire. La gente estaba sonreía con un sentido claro de propósito y dirección. Por lo menos eso fue lo que me pareció a mí acerca de los demás. En cuanto a mí, la historia de ese día fue diferente.

El Arranque
Había entrenado por varios meses antes de este evento. Era mi primera participación en un triatlón olímpico.[1] Estaba lleno de dudas: ¿Qué tal si me ahogo? ¿Sobreviviré? ¿Me atacará un tiburón? ¿Se me irá más tiempo tratando de hacer las transiciones que en la carrera misma? ¿Podré montar en bicicleta a pesar de estar exhausto? ¿Me quedarán piernas para correr hasta la meta? ¿Será que entrené lo suficiente? Probablemente como el resto de los que estábamos allí, me sentía sobrecogido por las voces en mi cabeza, y que conste que no soy esquizofrénico. Estas voces eran reales y pronto encontraría algunas respuestas.

Nos formamos en el punto de partida y brincamos al agua helada al primer sonido de la bocina. Los atletas nos apresuramos al mar con frenesí. Cada cual tratando de avanzar al frente de su grupo de nadadores. De repente, me sentí el blanco fácil de codazos, patadas, empujones, apretones, y jalones. Era como si cada persona quisiese ocupar el mismísimo espacio de agua donde yo estaba. Cuando finalmente me las arreglé para llegar a la primera boya, hice una pausa para ver hacia dónde debería continuar y caí en cuenta: “¿Dónde está la línea? No había línea en el fondo del océano. Tampoco había línea en su superficie.” Yo había entrenado solamente en la piscina y nada me había preparado para esto. En ese momento me sentí perdido. De hecho, estaba perdido.



El Recorrido
El oleaje me levantaba a lo alto y me hundía al fondo. Las corrientes submarinas me llevaban en muchas direcciones hacia las cuales no tenía intenciones de ir. La niebla y mis gafas oscuras me hacían ver borroso y escondían los marcadores de la ruta. Muchos nadadores, muchos de ellos; dije… muchos nadadores pasaban por mi lado y me distraían de mi objetivo; seguí a algunos de ellos pensando que me ayudarían a orientarme, pero hasta resultaron haciéndome nadar en dirección opuesta. Las algas me llenaban de terror al primer roce en las aguas turbias. Allí había salvavidas en tablas de surf. Pensé para mis adentros, “Están aquí para ayudar, así que si los sigo, seguramente podré avanzar.” Y así lo hice. Los seguí zigzagueando por las aguas, añadiendo por supuesto más distancia que la necesaria a la ruta. Después de una hora eternal en el océano, estaba agotado, adolorido, y lejos de acabar de nadar.

El Final
Me repetí a mi mismo, “Yo no me doy por vencido… Yo no me doy por vencido.” Esta fue la frase que me ayudó a seguir adelante. Tomé valor. Me obligué a mí mismo a seguir, casi sin respiración, exhausto, hambriento, con un último aliento de fuerza. Al voltear la última boya, hice otra pausa para avistar la orilla, y me uní a cientos de nadadores batallando con la resaca para poder salir. El efecto visual era el de sardinas en tierra, pero en este caso, quienes estábamos fuera de ambiente éramos nosotros. Cuando finalmente llegué a la playa no podía ni siquiera caminar, estaba mareado y desorientado. Entonces me di cuenta: “No entrené lo suficiente.” No había aprendido la técnica correcta para nadar en el mar. No había practicado el recuperarme activamente mientras nadaba. Y sobre todo, no sabía seguir una línea recta imaginaria.

En nuestra carrera de la fe vamos a enfrentar muchas distracciones:
  • Gente tratando de sacar ventaja de nosotros
  • Otros guiándonos incorrectamente, ya sea con buenas o con malas intenciones
  • Salvadores autodenominados que nos desvían del camino
  • Visión borrosa o falta de visión
  • Falta de preparación o de técnica
  • Olas de problemas y de dificultades
  • Cansancio, temores, y dolor
En medio de estas dificultades, ¿cómo encontrar dirección cuando la marea está alta? ¿Cómo tener una visión nítida? Si nos enfocamos en las distracciones, arriesgamos nuestro bienestar. Nuestra salud espiritual, relacional, mental, y hasta física se puede ver en peligro. Corremos un mayor riesgo de abandonarlo todo. Estoy seguro que el rey David no fue triatleta, pero ciertamente me identifico con sus sentimientos cuando escribió (Salmo 69:1-2 NVI):

Sálvame, Dios mío, que las aguas ya me llegan al cuello.
Me estoy hundiendo en una ciénaga profunda,
y no tengo dónde apoyar el pie.
Estoy en medio de profundas aguas, y me arrastra la corriente.

Como David, necesitamos fijar nuestra Mirada en Dios y clamar a Él. Él es el único poderoso para salvar; el único con gracia para guiar; el único que nos abrirá el camino a la victoria. En cuanto a dirigirse cuando nadamos en el océano, aprendí a la brava que necesitamos levantar nuestra mirada y seguir una marca en una colina. Pero recordemos que Dios está más allá de las colinas (Salmo 121:1-2a LBLA):

Levantaré mis ojos a los montes;
¿de dónde vendrá mi socorro?
Mi socorro viene del SEÑOR.

La próxima vez que usted se encuentre en una situación para la cual no encuentre dirección o se sienta desamparado, clame a Dios. Le aseguro que se va a sorprender.



NOTAS:
[1] El triatlón olímpico consiste en nadar 1.5 Km (0.93 Miles), montar en bicicleta 40 Km (24.85 Miles), y correr 10 Km (6.21 Miles). Estas son las distancias oficiales usadas en las olimpíadas, de allí su nombre.

Si la Sal se Desvaneciera

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Hace poco miré un programa de televisión acerca de la sal. Este programa explora algunos de los 14,000 usos conocidos, antiguos y modernos, de este mineral.[1] El tema me tiene atrapado por las muchas oportunidades que esto representa para explorar la metáfora de Jesús, cuando dijo:

“Vosotros sois la sal de la tierra;
pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada?
No sirve más para nada,
sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.”[2]

Usted y yo somos la Sal de la Tierra. Esto lo exploramos en nuestro artículo anterior. Ahora me gustaría explorar qué significa que la sal se desvanezca.

 La palabra “desvanecer” se deriva del verbo griego μωραίνω (mórainó), el cual significa literalmente desabrir, inutilizar, contaminar, e incluso, atontar – sí, de la raíz griega de esta palabra, μωρός (mōrós), se deriva la palabra morón.

¿Qué significa entonces que la sal se desvanece? ¿Bajo qué condiciones la sal de un atleta se anula? ¿Cómo podemos perder nuestras propiedades? ¿Cómo disipar la esencia de quienes somos en nuestra carrera de la fe? La sal común, por cierto, no pierde sus cualidades con facilidad y no se degrada de forma natural. Pero existen otras sales minerales que nuestro cuerpo necesita en el ejercicio de sus funciones metabólicas que sí se pueden desvanecer por dilución, por descomposición, y por devaluación.

Si la Sal se Desabriera
Cabe notar que la mayoría de las traducciones al español de este pasaje se enfocan con cierta exclusividad en uno de los usos de la sal, el de sazonar. Las frases más comunes son: “si la sal se ha vuelto insípida,” o “deja de estar salada,” o “haya perdido su sabor.”

Usted y yo debemos darle sabor a la vida. Bendecir a nuestra tierra y a los hombres y mujeres con quienes convivimos. Ofrecerles razones para vivir, para soñar y para servir. Dosificar la paz, gozo, amor, bondad y, como decimos los latinos, ¡Sabor! No podemos permitirnos perder estas capacidades. Si perdemos la sazón nos hacemos inútiles, y entonces seremos excluidos de nuestros círculos de influencia y avergonzados públicamente.

Si la Sal se Diluyera
Cuando sudamos disminuye la concentración de sal en el cuerpo. Si a esto le sumamos el impulso natural de tomar grandes cantidades de agua por temor a la deshidratación, el resultado pudiese desencadenar consecuencias peligrosos. El enemigo del atleta de fondo no es la deshidratación sino, todo lo contrario. Es una condición que se conoce médicamente como hiponatremia, o intoxicación por agua. Es decir, el exceso de agua diluye las sales a tal nivel que puede provocar calambres, la disfunción nerviosa, inducir el coma y hasta causar la muerte.[3]

Usted y yo no debemos diluirnos. Nos diluimos cuando callamos ante la injusticia, participamos de conversaciones necias u omitimos el dolor y la necesidad ajena. Nos disolvemos cuando torcemos la información para beneficio propio, calumniamos al vecino y criticamos a los demás cristianos. Debemos reflejar una moralidad más elevada. Debemos correr nuestra carrera de la fe hasta que la gente en nuestro entorno lo note y les parezca extraño, como dijera San Pedro (1 Pedro 4:4 RVR60):

“A éstos les parece cosa extraña 
que vosotros no corráis con ellos
en el mismo desenfreno de disolución.”

Si la Sal de Descompusiera
Las sales son compuestos químicos. La sal común es cloruro de sodio. Como su nombre lo indica, es la combinación de cloro y sodio. La descomposición implicaría separar estos elementos, lo cual es posible por medio de una corriente eléctrica. El cloro se separa en un gas amarrillo verdoso sumamente sofocante y venenoso, mientras que el sodio se separa como un metal ligero, el cual explotaría al primer contacto con el agua.

Usted y yo no debemos descomponernos. Nos descomponemos cuando fomentamos la desunión, estimulamos las rencillas y guardamos raíces de amargura. Nos contaminamos con nuestras actitudes explosivas, nos hacemos venenosos con nuestras disensiones, y sofocamos a los demás con nuestra religiosidad extrema. Debemos vivir en la gracia que Dios nos concede y conceder la gracia que permite a otros vivir. Que nuestro estilo de vida represente nuestro mensaje, el mensaje de la cruz manifiesto en nuestro estilo de vida.

Si la Sal se Devaluara
La sal tenía tanto valor en la antigüedad que se utilizaba como instrumento monetario. Se dice que al soldado o al atleta se le pagaba con sal el equivalente a su jornada, es decir, se le daba su sal-ario.[4] La parábola de Jesús implicaría, en términos modernos, la estupidez que sería recibir el salario en papel-moneda, por ejemplo, y cortarle un trozo donde se muestre el valor o el número de serie, borrarle la tinta o alterarlo químicamente para que quedase inservible, o prenderle fuego.

Usted y yo no debemos devaluarnos. Nos devaluamos cuando no tomamos nuestro lugar de liderazgo espiritual en nuestros hogares, nos salimos de la conversación donde se discuten asuntos morales de la sociedad o ignoramos los procederes poco éticos de la empresa para la cual trabajamos. Cada vez que accionamos de esta manera nos hacemos inútiles. Jesús implicó que esto es tan estúpido como quemar el dinero. El valor que usted y yo aportamos es la sal vación. Y el mundo sin salvación, es un mundo disfuncional, nervioso, al punto de coma, o peor aún, cerca de la muerte espiritual.





NOTES:
[1] How Stuff Works: Food and Beverage: Salt; Temporada 1; Discovery Channel; January 29, 2009.
[2] Citado de Mateo 5:13 RVR60. La referencia también aparece en Marcos 9:50 y Lucas 14:34-35.
[3] Burfoot, Amby, Drink to your Health, Runner’s World; accedido por última vez, 30 de octubre de 2012.
[4] Salario, Wikipedia; accedido por última vez, 30 de octubre de 2012.

La Sal de la Tierra

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Las palabras de Jesús cuando dijo: “Ustedes son la sal de la tierra”[1] siempre me han dejado perplejo. He escuchado muchas explicaciones de esta metáfora tan simple. Las sales son cristales. Los cristales poseen las facultades especiales de crear formas geométricas intrigantes y separar el espectro de la luz. No debería entonces sorprenderme que esta comparación brille con muchas ondas coloridas de interpretación. Me gustaría poder ofrecer aún una nueva perspectiva, la cual yace escondida en las muchas millas de un corredor a quien el tiempo le sobra para pensar, ya sea en la vereda o en el pavimento.

Minas de Sal de Araya, Sucre, Venezuela

Mi primera experiencia como corredor con la sal sucedió la primera vez que salí a correr por más de una hora. Cuando terminé, alcancé mi rostro para limpiarme el sudor mientras estiraba la espalda. Al mover mis manos me rasguñe la cara. Sentí como si una tormenta de arena golpeara mi piel desapercibida de su necesidad de exfoliación. No supe qué me había pasado. En tan solo segundos recorrí la ruta en mi mente para revivirla en mi memoria. No había corrido ni en el desierto ni en la playa. No había dunas ni tampoco tráfico que levantara el polvo de la carretera. Sorprendido, miré mis manos en búsqueda de alguna pista. Era… ¿sal? Miré con detenimiento y era sal. La probé con mi lengua, y definitivamente era sal. 

La Sal es Crítica para las Funciones Musculares

Cuando corremos por períodos prolongados de tiempo nuestros cuerpos pierden sal con el sudor. Para mantener el flujo constante de la sal en nuestro tracto sanguíneo, muchos recomiendan que los atletas tomemos bebidas y jarabes deportivos para asegurar su remplazo apropiado.[2] Tener una provisión continua de sales asegurará el funcionamiento sereno de nuestros músculos, en perfecta coordinación y libres de movimientos irregulares. Nuestra carrera se parecerá más a Big Ben que a los relojes en la pintura La Persistencia de la Memoria de Dalí.

Como la sal de la tierra estamos llamados a preservar algunas funciones críticas. Nosotros la sal sincronizamos al mundo al practicar la bondad, al modelar la generosidad, al guardar la concordia, al promover la paz, al ayudar el crecimiento, al mediar el progreso, al rescatar los valores, y al amar a Dios y al prójimo.

La Sal Regula la Temperatura

La sal “ayuda a los atletas a mantener un volumen elevado de sangre, lo cual a su vez evita que se eleve su temperatura corporal y su ritmo cardiaco.”[3] ¿Cuerpo más fresco y pulso más bajo? ¡Una fórmula ganadora! Puede que la sal en tu cara no se vea muy bien, pero correrás más fresco, más fácilmente, más distancia, y terminarás con más energía. Por cierto, si quieres que tu agua se mantenga fresca cuando corres, ponle un poco de sal.

Como la sal de la tierra estamos llamados a mantener un volumen elevado de la “sangre del cordero.” Esto hacemos principalmente mediante una presencia consistente, confiable, y constante. Nosotros la sal estamos aquí para el tiraje largo y mantener las temperaturas controladas. En medio del clima acalorado, ya sea en la oficina o en el hogar, nuestro temperamento enfría a los demás. Mantenemos un espíritu calmado, tranquilizamos los corazones, y animamos a los demás a pasar el vendaval. Somos los primeros en decirle a los demás: ¡Enfriemos los ánimos caldeados!

La Sal sirve como Conductor Eléctrico

Ni el agua ni la grasa conducen la electricidad. Las soluciones salinas sí. Piensa que tus músculos son unos aparatos eléctricos unidos al cableado de tus nervios. Se encienden y se apagan mediante interruptores eléctricos que se forman cuando las sales se disuelven en tu cuerpo. A estos interruptores se les llama electrolitos.[4] Los niveles insuficientes de electrolitos provocan contracciones descontroladas, las cuales causan fatiga y debilidad muscular, lesiones y los temidos calambres.

Como sal de la tierra actuamos como electrolitos; somos soluciones – no problemas – que hacen posible la comunicación. Nosotros la sal hemos sido llamados a conectar al solitario, activar al pasivo, capacitar al disfuncional, apoyar al minusválido, apagar al hiperactivo, y de esta manera salir todos hacia adelante.

Nosotros la sal capacitamos a cada uno a ejercer su propia función crítica en el ejercicio de su fe. Proveemos de lugares seguros, libres de lesiones relacionales y calambres espirituales. Nuestras propiedades mediadoras hacen que este mundo tan roto, tan dividido y tan desesperado por tener conexiones verdaderas con Dios y con los demás funcione en concierto. Nosotros somos, o tal vez deberíamos ser, esta sal de la tierra.

NOTES:

[1] Citado de Mateo 5:13 NBLH. La referencia también aparece en Marcos 9:50 y Lucas 14:34-35. Solamente comparando estas tres versiones podemos notar que la sal era usada para hacer las paces, sellar pactos nuevos y fabricar abono. Esto alude al hecho de que la sal es buena para la tierra, buena para la economía, y buena para las relaciones. Sí, así como en los días de antes, cuando se tocaba la puerta del vecino para pedirle que nos diera un poco de sal.
[2] No solamente perdemos sal en su forma más conocida como sal común o Cloruro de Sodio, sino que también perdemos Calcio, Magnesio y Potasio. Estas sales se encuentran fácilmente accesibles en una buena variedad de alimentos pero los atletas de fondo pueden agotarlas bastante rápido y no pueden ingerirlas con la misma rapidez mientras se ejercitan. Hay desacuerdos en cuanto a este tema respecto de cuanta sal se pierde y cuanta se debe o se puede ingerir durante periodos extendidos de actividad física. He encontrado una buena discusión al respecto en la página web de Kevin Sayer para ultra-maratonistas (http://www.ultrunr.com/sodium.html).
[3] Fitzgerald, Matt, ¿Cuánta sal necesitas cuando corres?. Traducido del inglés. Active.com. Accedido por última vez, 6 de junio de 2011.
[4] Electrolitos, Wikipedia. Accedido por última vez, 6 de junio de 2011.




Corre Tu Propia Carrera

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El caminar cristiano no se puede comparar con un sprint sino más bien es como un ultra-maratón. Yo nunca estuve realmente interesado en correr y la idea de participar en una carrera de media maratón o de maratón completa nunca vino a mi mente sino hasta el año 2009. A principios de ese año, comencé a trabajar en mi empleo presente, el cual estaba ubicado a 45 millas de mi casa, por lo cual yo tenía que compartir el uso del automóvil para llegar al trabajo. Uno de mis compañeros de trabajo y de carretera, Vladimir, es un hombre cristiano y un fanático del correr. Con frecuencia me hablaba de cómo el correr una maratón se compara con el caminar Cristiano. En ese tiempo estaba él preparando una charla sobre Hebreos 12:1-3, que dice:

Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo (NVI).

Pocos meses después, me mudé cerca de mi trabajo, pero la semilla ya estaba plantada. La idea de correr no cruzó por mi cabeza hasta un año atrás cuando uno de los diáconos de la iglesia acababa de correr la maratón de Los Ángeles. Solo con mirarlo no pudiese uno pensar que él pudo terminar la carrera. Ese día pensé para mis adentros: Si él lo puede hacer, por lo menos puedo empezar a correr unas pocas millas. Alrededor del mes de mayo de 2010 decidí probar. Vladimir me guió en ciertas cosas básicas, desde comprar unas buenas zapatillas hasta los ejercicios de estiramiento y hacer intervalos de caminar y correr para fortalecer los músculos de las piernas. Recuerdo que salimos a correr un mediodía y tuve que caminar de regreso los últimos ¾ de milla porque me quedé completamente sin energía. Vladimir, junto con otro compañero de trabajo, me continuaron animando en mis inicios como corredor. Este marzo pasado ya podía correr cinco millas de corrido, así que decidí inscribirme para media maratón en la ciudad de Pasadena, California.

Vladimir organizó un equipo de catorce personas con el nombre de "Carrera de la Fe". Para este evento, los participantes necesitaban recoger un paquete que contenía una camiseta, el número asignado y una banda de radiofrecuencia que va adherida a la zapatilla, los cuales le permiten a los organizadores del evento asegurarse de que el participante corra toda la distancia y llevar los tiempos oficiales. Le había pedido a Vladimir que recogiera mi paquete y que me lo entregara el día de la carrera. También le pedí al hermano de Vladimir, quien vive cerca y también estaba participando, si me podía ir y regresar con él. El día anterior, Vladimir me llamó para animarme y dejarme saber que ya había recogido mi paquete. Hicimos arreglos para encontrarnos en un restaurante cercano al punto de salida.

El día del evento salimos bien temprano porque la cuñada de Vladimir estaba participando en el tour de bicicleta, el cual comenzaba 45 minutos más temprano que la maratón. Me recogieron a las 5:00 a.m. Desde ese momento hasta que comenzó la carrera sucedieron una comedia de errores. Tuvimos que estacionar a unas tres millas del evento porque las calles estaban cerradas. Dejé mi teléfono en el carro pensando que el hermano de Vladimir me iba a acompañar, pero él tuvo que apresurarse a llevar la bicicleta de su esposa, así que salió tan pronto dejamos el auto. Así que a las 5:45 a.m. tuve que correr tres millas hasta la salida ya que la carrera comenzaba a las 6:30 a.m.

En toda la confusión, se me olvidó el nombre del lugar de encuentro. ¿Cómo iba a encontrarme con Vladimir para que me diera mi número y mi banda de radiofrecuencia? Le pedí a una persona que se veía amable si me dejaba usar su celular. Me pidió el número al cual quería llamar pero no lo sabía de memoria, ya que lo tenía almacenado en mi celular. Traté de llamar a casa pero me dirigía a la contestadora automática. En ese instante me di cuenta que la carrera oficial había terminado para mí. Bajé mi rostro y dije: “Señor, que se haga tu voluntad”. Era casi imposible que me encontrara con Vladimir en medio de una multitud de más de 8,000 personas. Entonces, en ese mismo momento, me volteé a mirar en dirección de una voz que me llamaba "Sylvester, ¡Tengo tu paquete!” Vladimir y su esposa habían estado buscándome. Yo estaba a una cuadra del lugar de reunión. Una vez más tuve que depender de un milagro y Dios lo había provisto en el tiempo perfecto.

Apenas tuvimos tiempo para ponerme la camiseta, asegurar el número a esta y ponerme la banda de radiofrecuencia en la zapatilla. Julio, uno de los miembros del equipo Carrera de la Fe me acompañó a dejar el resto de mis cosas en los vestuarios. Comenzamos la carrera seis minutos después de sonada la bocina. La presencia de Julio me reconfortó y me mostró que no estaba solo. Llovía copiosamente al principio pero luego se convirtió en una llovizna; al cabo de un tiempo, el día era perfecto para correr. Pude correr toda la distancia en 2:24:12. Luego supe que otro compañero de trabajo, quien no había ni comenzado conmigo ni corrido a mi lado, terminó apenas un segundo después. En la meta final, había mucha gente dándonos la bienvenida a los corredores y colgando medallas sobre nuestros cuellos.

En retrospectiva, ahora entiendo que la media maratón se parece mucho a la vida en el Señor. Yo había cometido muchos errores y cuando estaba a punto de rendirme sucedió un milagro cuando menos lo esperaba. Me di cuenta que de la misma manera en que yo tenía un número único y una banda única de radiofrecuencia, yo soy único. Yo tengo una carrera única por delante. Yo tengo un lugar único reservado para mí en los cielos con mi nombre escrito. Hubo mucha gente desconocida alentándome cuando estuve cansado y sus gritos de aliento me causaron querer terminar, tal y como lo describe Hebreos 12. Hubo muchos compañeros de carrera en distintas etapas. Julio me acompañó hasta la milla ocho. Entonces le dije que se adelantara, pero otros desconocidos me acompañaron hasta la meta. La carrera cristiana no es para correrla aisladamente. Contamos con todos aquellos que nos precedieron, aquellos que nos alientan en el camino, e incluso aquellos que corren con nosotros para mantenernos honestos en el logro de nuestras metas.

Espero que usted también tenga una experiencia similar en su maratón de vida. Un día espero poder decir como Pablo cuando dijo: “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe. Por lo demás me espera la corona de justicia que el Señor, el juez justo, me otorgará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que con amor hayan esperado su venida” (NVI: 2 Timoteo 4:7-8). Aún así no me consideraba un corredor ni mucho menos pensaba correr en una maratón. Sin embargo, la idea de comenzar a caminar para mantenerme en forma me pareció atractiva.


Sylvester Creado
screado@race-of-faith.com

¡Es Temporada de Atletismo!

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(Consejos prácticos para su próxima competencia)

¡La temporada de atletismo ha comenzado! Aún si usted ya ha participado en un par de eventos este año, y haya roto su propia marca de tiempo recientemente (si ese es el caso, ¡felicitaciones!), es útil repasar ciertos principios en preparación para su próxima competencia. Uno de sus objetivos ese día debe ser el de no tener sorpresas desagradables, particularmente, si uno puede hacer algo para evitarlas. En otras palabras, la única sorpresa de su próxima competencia debe ser llegar a la meta en menos tiempo de lo que esperaba.

A continuación, aparecen varias reglas a seguir con relación al descanso, la alimentación, la vestimenta y la logística del día del evento:

Descanso
  1. "La noche antes a la noche antes” – ¿Recuerda el haberse trasnochado estudiando para un examen en la escuela ó la universidad? Todo el mundo lo hace, ¡y funciona! La clave de este truco tan útil está en la adrenalina, que le permite al cuerpo humano funcionar con poco descanso. Es más importante tener un sueño continuo y profundo dos noches antes de su evento que hacerlo la noche anterior, y le ayudará a asegurar un buen rendimiento durante su evento. La noche inmediatamente anterior quizás se sienta nervioso e inquieto, especialmente si es el primer evento en el que participa. Lo más seguro es que empiece a preguntarse [a pesar del aviso que estoy dando en este momento] si ha entrenado lo suficiente, o si los cordones de sus zapatillas están ajustados correctamente, o si llegará a tiempo a la línea de salida de la carrera a la mañana siguiente. Recuerde que la sobrecarga de adrenalina después de llegar a la línea de salida en el día del evento lo mantendrá con energía por gran parte del trayecto.
  2. “Corra la distancia más larga de su entrenamiento aproximadamente dos semanas antes del evento” – Por ejemplo, si va a participar en un evento de media maratón, debe correr 11 o 12 millas con dos semanas de anterioridad. El intentar correr la distancia más larga un par de días antes de la fecha de la carrera va a dejarlo agotado, reducirá las probabilidades de cumplir su meta, y aumenta la posibilidad de una lesión.
Alimentación
  1. “No pruebe nada nuevo” – Lleve sus propio refrigerio y suplementos para ingerir durante la carrera. Los siguientes suplementos y refrigerios son nutritivos, necesarios, y generalmente, sientan bien en el estómago antes o durante la carrera: Gel energético y suplementos para hidratar (de una marca y sabor que ya haya consumido anteriormente), cítricos, emparedados de mantequilla de maní con mermelada, ó un bollo de pan con queso cremoso.
  2. “Si tiene dudas, no lo ingiera” ‘¡Tomate una cerveza! ¡Necesitas esas calorías para mañana!' Este tipo de consejos unos días antes de su evento podrán funcionar para los afortunados dueños de estómagos de acero. Para el resto de nosotros, comer en exceso y tomar alcohol el día antes de una carrera puede resultar problemático. Mientras que es importante consumir alimentos ricos en carbohidratos el día antes de la carrera, una nutrición completa y balanceada debe ser el enfoque durante todo su entrenamiento. Hay pocas cosas que puedan distraer más que el sentir molestias abdominales durante una competencia. Un amigo que intentaba mejorar su marca personal en la maratón de Los Angeles este año, estuvo a punto de abandonar el evento a causa de fuertes dolores causados por una pizza que consumió antes de empezar el evento. Dígale no a esa cena de mariscos la noche antes del evento, y pospóngala hasta la noche después de su evento para celebrar el haber batido su marca personal. Asegúrese que cualquier alimento que ingiera antes de la carrera no contenga ningún ingrediente que pueda alterar su digestión; si los alimentos son preparados en casa, o de un restaurante que usted conozca bien y en el que confíe plenamente, mejor aún.
  3. “¡Hidrátese!” – El día anterior, vale la pena aumentar el consumo normal de agua. Y durante la carrera, asegúrese de parar en las estaciones con frecuencia.
Vestimenta

“No pruebe nada nuevo” – Este principio también aplica a la ropa y zapatos. Recuerde que el propósito es evitar sorpresas desagradables; teniendo eso en mente:
  1. Dome sus zapatillas antes del evento; debe haber corrido en ellas por lo menos un par de veces antes de la competencia
  2. Use una camiseta y medias hechas de poliéster/nylon/espandex o una mezcla de estos materiales; de otra manera, arriesga la incómoda sensación de ampollas y/o dolor en el cuerpo causado por la fricción con ropa hecha de algodón
  3. Use un suéter viejo o una bolsa de basura grande para que lo cubra mientras espera la largada en la línea de arranque ya que puede hacer frío. Puede arrojar el suéter o la bolsa al lado de la calle después de calentar (los organizadores de la carrera saben esto y recogen los suéteres para donarlos); no se preocupe, no está siendo un ciudadano irresponsable
  4. Deje su ropa de correr lista la noche anterior, incluyendo el sujetar la pechera con el número de participante a la camiseta, y el sujetar la banda magnética a sus zapatillas.
Por último, confirme las instrucciones para llegar a la línea de salida revisando su documento de registración. Sepa con anticipación donde se va a estacionar, y en donde va a encontrarse con otros corredores.

Mantenga estas reglas en mente, y lo más probable es que su próximo evento termine sin sorpresas desagradables. ¡Feliz Temporada de Atletismo!

Un esfuerzo ganador empieza con preparación.”
Joe Gibbs, entrenador de los Pieles Rojas de Washington, llevó a su equipo de fútbol americano al súper-tazón 10 veces en 12 temporadas.

Jairo Ospina


Una Carrera Justa

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El domingo 7 de noviembre del 2010, el minero chileno Edison Peña completó la maratón ING de la Ciudad de Nueva York en 5 horas 40 minutos y 51 segundos. Peña, de 34 años, fue uno de los 33 mineros atrapados por 69 días en una mina de oro y cobre ubicada en el desierto de Atacama. Él corrió entre 3 a 6 millas por túneles a 2,000 pies de profundidad, usando sus botas de minero cortadas a los tobillos, con temperaturas de hasta 90° Fahrenheit. Corrió además amarrado a un trineo de rocas para incrementar el nivel de dificultad de su entrenamiento. El periodismo mundial ha circulado su historia tan conmovedora. Para Peña, su participación en esta maratón ha sido más que una meta admirable; más que una carrera. Él corrió por su vida; una vida que ni siquiera el mundo estaba seguro existía durante los primeros 17 días de encierro subterráneo. Como él, todos participamos en una carrera. Es la carrera por nuestras vidas, y la carrera de nuestras vidas. Es también la carrera de la fe.

“Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús.”
(NVI: Filipenses 3:13-14).

En mi artículo anterior, Un Árbitro Justo, me referí a este mismo pasaje de Filipenses para señalar las cualidades de nuestra carrera desde la perspectiva de las autoridades reguladoras. El ganador de la carrera es determinado por la decisión de los réferis y el comité organizador. Tomemos ahora un momento para reflexionar acerca de las cualidades de la carrera misma, reconociendo que la nuestra no es sólo una carrera, también es una carrera justa.

Sin Pretensiones
Note las palabras: “no pienso que yo mismo lo haya logrado ya.” No debemos ser pretensiosos de haber alcanzado la perfección, haber completado nuestra carrera, o haber cumplido con todo aquello que se espera de nosotros. En versos anteriores, Pablo nos da una lista de cosas de las cuales el pudiera haber estado orgulloso pero no que no dejó se le subieran a la cabeza: la religión, etnicidad, nombre familiar, alcurnia, educación, profesión, o moralidad. De hecho, él consideró estas cosas como pérdida, y aún basura, al compararlas con el nivel de perfección – o sea, de obra completada, crecimiento, estado mental, y estatura moral – que solamente se halla en Cristo.

Si queremos verdaderamente correr una carrera justa, no deberíamos gloriarnos del éxito que no hemos alcanzado. No deberíamos ostentar de las cosas que no hemos adquirido cabalmente; incluyendo aquellas por las cuales todavía estamos pagando cuotas. No deberíamos hacer pompas por la persona quien aún no hemos llegado a ser, o pretender ser alguien quien no somos.

Sin Pasado
Una cosa que noté en una maratón reciente de vuelta completa es que tan pronto como el último grupo de corredores partió, los obreros de la carrera rotaron la estructura puesta para marcar la línea de Partida y la convirtieron en la línea de Llegada. Probablemente les tomó menos de cinco minutos. Esto me enseñó una gran lección: La línea de partida se había esfumado y solo quedaba la línea final. Una vez comienzas tu carrera – y tu ya has comenzado la tuya – tu comienzo es el punto de no retorno. El pasado, pasado es. ¡Si tan sólo pudiésemos aprender esta lección! He conocido a muchas personas quienes viven en el pasado. No han podido superar sus fallas, o sus sentimientos de amargura enterrados, o sus nostalgias por los tiempos que no volverán. Algunos están estancados en sus éxitos viejos, como si estos fuesen anclas en vez de remos.

Pablo lo puso de esta manera: “Olvidando lo que queda atrás.” Si queremos correr una carrera justa, deberíamos desprendernos de nuestros errores y pecados previos. No deberíamos paralizarnos ante nuestros temores viejos. No deberíamos alimentarnos de nuestras glorias y gracias pasadas. Por esta razón, “El gran amor del Señor nunca se acaba, y su compasión jamás se agota. Cada mañana se renuevan sus bondades” (NVI: Lamentaciones 3:22-23b).

Con Proyección
Aquí hay un cambio notable en esta lista de “Sins” y “Cons.” Note cómo los “Sins” corresponden a cosas del espíritu. Los próximos dos “Cons” son acciones que te llevarán adelante. La lección es la siguiente: Cuando ordenas tu actitud puedes ordenar tus acciones. Algunas personas quieren correr sus respectivas carreras cargando peso extra en el trineo de sus actitudes. Esta puede que sea una buena técnica para entrenar pero ciertamente no para competir. El ordenar tu mente te permitirá deslizarte, ahora es tiempo de tomar tus hélices y moverte hacia adelante; en otras palabras, ponte de pie y corre; deja de pensar en el asunto y hazlo. Peña dijo: “Yo lucho conmigo mismo. Luché contra mi propio dolor, pero llegué a la meta final. Quiero motivar a los demás para que encuentren el aliento y la fuerza para transcender su propio dolor.”[1]

Si queremos correr una carrera justa, deberíamos honrar el premio que tenemos servido delante de nosotros – el premio del supremo llamamiento de Dios. Deberíamos respetar la revelación que hemos recibido. Deberíamos mantener esas cualidades y habilidades las cuales ya hemos alcanzado y el carácter que ya hemos formado. Deberíamos esforzarnos “por alcanzar lo que está delante.”

Con Perseverancia
Otra gran lección aprendida en una maratón: no existen los atajos. Cuando corres, llevas puesto un chip en tu zapato para que los árbitros puedan asegurarse de que cruzaste los puntos más lejanos de la ruta. Pablo sabía esto cuando escribió: “sigo avanzando hacia la meta.” La palabra griega para meta es scopos, la cual significa literalmente, un hito o piedra para marcar el camino, tal cual como en una carrera. También significa vigilante, alguien que se está asegurando de que cruces los puntos más lejanos de tu carrera. Y alguien está vigilante. En una entrevista reportada por el periódico Crónica de San Francisco, Edison Peña dijo “yo quería comunicarme con Dios para decirle lo mucho que deseo vivir. Yo quería que Él fuese un participante activo en mi salvación. También quería desesperadamente vencer la mina; quería demostrarle a la mina que ella se cansaría de mi.”[2] Tú mantén esta misma actitud y de seguro Dios oirá.

Cuando era niño, recuerdo que jugábamos un juego para encontrar los scopos en el camino cada vez que íbamos en un viaje largo de carretera. Mientras más hallábamos, más puntos acumulábamos para ganar. Ahora que soy adulto he aprendido que esto mismo es verdad; que el acumular puntos es la esencia de la perseverancia. Si queremos correr una carrera justa, deberíamos establecer metas alcanzables y esforzarnos para llegar a ellas. A alguien oí decir una vez, “No hay metas imposibles, sólo incapaces.” Deberíamos persistir para alcanzar la madurez. Deberíamos perseverar para convertirnos en la persona que necesitamos llegar a ser.

[1] “Minero Chileno Edison Peña se Sobrepone a la Maratón de NY,” Traducido del inglés, San Francisco Chronicle [http://www.sfgate.com/cgi-bin/blogs/hottopics/detail?entry_id=76565] Accedido por última vez el 8 de noviembre del 2010.
[2] Ibid.




Un Árbitro Justo

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El 11 de julio del 2010 concluyó la Copa Mundial de la FIFA número 19. Por primera vez desde 1930 España había llegado a las finales y se convirtieron en campeones. Las noticias alcanzaron a millones de fanáticos alrededor del globo instantáneamente gracias al milagro de la televisión, la cual es en la opinión de muchos, un árbitro justo.

Esta copa mundial se caracterizó por el pobre rendimiento de los equipos favoritos, como Argentina, Brasil, Alemania, Italia, e Inglaterra; la pobre ejecución de jugadores de renombre como Cristiano Ronaldo, Leonel Messi, Kaká, Thierry Henry, y Fernando “El Niño” Torres; pero más importante aún, el pobre juicio y la miopía del arbitraje. Fue común el chiste de que el único árbitro que lo hizo extraordinariamente bien fue el pulpo Paul. Sus predicciones precisas hicieron que se le otorgara la ciudadanía española, después de haber escogido a España como ganador ante Holanda en la final.

Muchos de ustedes se preguntarán qué hago yo escribiendo de fútbol en nuestra sección sobre correr. Si usted ha sido seguidor de algún deporte, estará de acuerdo conmigo: nada más descorazonador, incómodo, frustrante, y hasta irritante que un réferi desigual. Usted conoce el sentimiento producido por la injusticia, la discriminación, la predilección, la ceguera, el prejuicio, la corrupción, y por qué no, a veces hasta el soborno. La Biblia tiene mucho que decir acerca de la injusticia y sus consecuencias. Considere, por ejemplo, el siguiente pasaje, escrito en el contexto metafórico de una carrera:

“Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús”
(NVI: Filipenses 3:13-14).

Un Premio Justo

Esta figura le puede ser familiar: el corredor sacando pecho hacia adelante y presionando sobre la banda final para romperla, culminando la carrera, ganando el premio. Usted puede que esté pensando, “Bueno, si cruzas la línea final, eres el ganador. Eso es lo justo.” Déjeme decirle, no necesariamente. Usted solamente se constituye en ganador cuando ha corredor justamente y los oficiales de la carrera aceptan su rendimiento como válido. En otras palabras, usted es un ganador solamente por la autoridad del comité organizador y sus representantes. Los árbitros de la justa tienen la última palabra. ¿Qué tiene que ver esto con la justicia?

Como usted probablemente sabe, este pasaje fue escrito originalmente por Pablo el Apóstol en griego. La palabra griega que usualmente se traduce como “premio” es brabeion, la cual significa literalmente la decisión del árbitro o brabeus, también del griego. En la antigüedad, el premio otorgado por terminar una competencia era una corona de hojas de olivo. Este premio ciertamente no tenía un valor monetario ya que perecía al paso de unos días. Su valor era sólo simbólico. El premio verdadero era el ser llamado de entre la multitud al podio por el árbitro. Escogido y señalado como el ganador por el réferi era el epítome del éxito. El ser llamado era un premio justo.

Un Juez Justo

Lea el pasaje arriba de nuevo bajo esta nueva luz. Espero que ahora pueda ver la relación que tiene este pasaje con la justicia. La justicia se perfecciona en Dios. Su premio es su llamado. Su podio es el cielo. Su medida es la carrera de la fe. Su regla es Cristo. A este efecto Pablo incluso escribe unos versos anteriores a este pasaje:

“y ser hallado en El, no teniendo mi propia justicia derivada de la ley, sino la que es por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe”
(LBLA: Filipenses 3:9).

Dios es un árbitro justo. Él no es ciego. Él no es miope. Él juega limpio. No se le puede sobornar. Él no pasa por alto tu jugada. Él le pone atención a tu carrera. Él no necesita consultar con nadie para saber lo que es justo. Él no necesita ver la repetición instantánea por televisión.

En el 2008, el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, dijo: “Dejémoslo así con errores. Las compañías de televisión seguirán teniendo el derecho de decir si el réferi estaba o no equivocado, pero él seguirá teniendo la última palabra — un hombre, no una máquina."* Puede ser que los errores humanos sean parte de su juego. Tal vez los errores humanos han afectado su carrera de fe. Quizás usted ha sido víctima de las injusticias de nuestro sistema legal torcido. Puede que esté viviendo con las consecuencias de las malas decisiones de los jueces, convencidos por las manipulaciones de abogados malintencionados. O quizás usted mismo haya hecho lo malo en el pasado y piense que por ello tiene su merecido. Recuerde: “Dios es juez justo” (LBLA: Salmos 7:11). Él estará cuidando de usted y estará de su lado siempre que pueda confiar en Él.

Un Corredor Justo

Dios siempre acierta sus llamadas. La llamada más importante: haberle llamado al podio para que reciba su premio. En el mundo de los deportes, si la autoridad le llama campeón, usted es el campeón. Dios le ha llamado vencedor, y si Él le llama vencedor, entonces usted es un vencedor. No importa que muchas personas le llamen de muchas maneras. Ni siquiera es tan importante como usted se llame a sí mismo. Usted ha sido justificado o hecho justo en los ojos de Dios. Usted es un corredor justo porque Dios lo quiso así.

Fue completamente irrelevante lo que la gente pensó cuando España subió a la tarima. A algunos no le gustó. A otros ni siquiera les importó. Sin embargo, cuando el presidente de la FIFA les reconoció como campeones y les entregó la Copa Mundial, fue algo muy emocionante. “¡Ven, súbe a la tarima!” le dice Dios, “y recibe tu premio.” Confíe en Dios y las cosas comenzarán a voltearse a su favor. Después de todo, “El justo vivirá por la fe” (NVI: Gálatas 3:11).

[1] FIFA Detiene el Experimento de la Repetición Instantánea, Deportes CBC [http://www.cbc.ca/sports/soccer/story/2008/03/08/fifa-instant-replay.html], traducido del inglés. Revisado por última vez el 30 de septiembre de 2010.




Carpe Diem

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Era una bella mañana primaveral en el Sur de California. Me levanté tarde para correr antes de ir a trabajar. Mi ritmo era lento, aun más lento que el ritmo de maratón.

En la primera milla de la ruta, el alba se asomaba a través de una bruma grisácea, como la que aparece en la mayoría de las mañanas entre Mayo y Octubre. Las montañas de San Bernardino estaban a la vista, su silueta oscura en el trasfondo celeste del cielo pareciera haber sido dibujada por un artista con carboncillo sobre un lienzo.

Cerca al final de la primera milla, noté una fila de palmeras tras un parque a la izquierda de la calle. Cinco o seis de ellas se yerguen elegantemente en el horizonte. Con al menos 25 pies de alto, son la imagen que por excelencia define el cielo Californiano. Los otros árboles frondosos que se alinean a ambos lados de la calle crean una especie de toldo que da sombra a varias cuadras consecutivas. Sin autos circulando a esa hora de la mañana, pude correr sin ser perturbado, excepto por el gorjeo de los pájaros en lo alto del toldo verde y el sonido de rociadores de agua esparciendo vida sobre los jardines.

En la cuarta milla de la ruta, hay una escuela católica construida en ladrillo, al estilo arquitectónico de las universidades de la costa este del país y que se haya justo al lado de una pequeña capilla. Hay cinco árboles a lo largo del frente de la escuela que semejan cerezos japoneses. En época de primavera, están repletos de pequeñas hojas color rosa y lila; el contraste de las hojas contra el rojo del edificio valía la pena una fotografía. A eso de las 6 a.m., el sol brillante y la luna en cuarto menguante colgaban en lados opuestos del firmamento. Las imágenes capturadas por mi mente a lo largo de esa ruta me llenaron de gozo el resto del día.

Pero algo me sacudió en el momento que finalizaba mi sesión de ejercicio: ¡había observado mis alrededores con detalle! He corrido, caminado, conducido o montado en bicicleta por esa misma ruta cientos de veces. ¿Por qué no había notado el sol y la luna simultáneamente al amanecer, o el toldo verde que forman los árboles?

¿Cuántas veces han pasado desapercibidos los pequeños detalles de todos los días? En nuestros horarios frenéticos tratando de "vivir" nuestras vidas ocupadas, nos dejamos enredar por miles de actividades. ¿Cuántas veces hemos olvidado apreciar la belleza de nuestros alrededores? Cada día es una oportunidad de contemplar la creación, sin importar tu ruta o rutina, y especialmente si estás estancado espiritualmente.

"Esto ha sido obra del Señor, y nos deja maravillados. Éste es el día en que el Señor actuó; regocijémonos y alegrémonos en él." Salmos 118:23-24 NVI.

Es fácil prestar atención cuando se corre a través de calles nuevas, un nuevo sendero, o cuando se viaja. Podemos argumentar que si el ipod esta encendido o corremos con un compañero ambos serían distracción. Pero después de tomar el mismo rumbo en tantas oportunidades, uno debería conocer todas sus maravillas.

Date unos momentos hoy y permite que tus sentidos estén en sintonía de la maravilla de un día nuevo, en la evidencia palpable de que nuestro creador existe; baja la velocidad y trata de apreciar la belleza de tu trayecto. Te aseguro que te sorprenderá lo que vas a descubrir y el gozo de "agarrar el día" quizás perdure hasta el día siguiente.


La Fuente del Poder

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En febrero del 2010 corrí mi primera maratón. La atmósfera estaba cargada de emociones cuando más de 20,000 corredores se alistaban en sus líneas de partida. Mientras que esperaba por la largada, no podía dejar de pensar en el número de horas que todos los atletas habían invertido hasta llegar al evento. Aguardando impacientemente, trataba de hacer las matemáticas en mi mente, pero no me podía concentrar en otra cosa que no fuera el sonido de la pistola de salida. Para matar la curiosidad, hice los cálculos después, con la cabeza más fría.Vladimir Lugo, SurfCity USA 2010 Yo estuve entrenando alrededor de 120 millas por mes durante los cuatro meses previos a la carrera. A un promedio de 9.5 minutos por milla, esto es equivalente a más de 75 horas corriendo. Si asumimos que los demás corredores entrenaron a este ritmo y siguieron un calendario similar, este número sumaría más de 1.5 millones de horas, o 62,500 días, o más de 170 años de preparación colectiva.

En nuestros cuatro artículos anteriores, hemos estado explorando los conceptos del poder y la fuente. Hemos establecido que el poder para competir en una carrera tan exigente como una maratón, viene de las cosas pequeñas, invisibles, e incluso secretas, que hacemos durante nuestro entrenamiento. La lista de estas cosas incluye ciertamente el correr más kilometraje, pero también cosas como nutrirse con los alimentos correctos y otros entrenamientos como pesas y estiramiento. Los que participamos en la maratón de febrero ciertamente llenamos los encabezados de los periódicos locales, sin embargo, ningún artículo hizo mención de los 170 años invisibles del correr colectivo que nos dieron a los participantes tal poder para competir y también llenó los aires de un gozo, una expectativa, y una esperanza muy estimulantes.

Come, y Come con Frecuencia
Antes de la carrera, le pedí a un compañero de trabajo, quien ha completado más de 200 eventos competitivos, que me diera un consejo de último minuto. Me dijo: “Come, y come con frecuencia.” De vuelta en la línea de partida, sus palabras abordaron mi mente desplazando mis cálculos matemáticos. Le grité aterrorizado a mí hermano, quien me acompañaba para verme salir: “¡Se me olvidó toda mi comida! El desayuno. Los bocadillos para el camino. ¡Todo!”

Había olvidado mi fuente de poder. Quisiera culpar a mi ansiedad anticipatoria, a mi edad y predisposición a olvidarlo todo (ya que todo el mundo culpa al almanaque por lo olvidadizo que somos), o a mi falta de experiencia. Me sentía preparado para corre pero no para hacerlo sin comida. Muy dentro de mí supe que esto me iba a pasar factura más adelante. Y más adelante sucedió como en la milla 18 cuando mi nivel energía de desplomó rápidamente. Había golpeado el temido muro. Durante las siguientes cuatro millas me convertí en un limosnero pedigüeño, y sin vergüenza comencé a rogar por comida a todos los que pasaban, a los espectadores, a los residentes que miraban la carrera, y hasta al camino: a lo mejor alguien dejó caer una galletita a medio comer. Nunca antes en toda mi vida había estado tan hambriento.

A veces escucho a la gente quejarse acerca del ir con tanta regularidad a la iglesia, o la reunión de oración, o al estudio bíblico. Si piensas que ir a la iglesia en Semana Santa, el Día de las Madres, y Navidad es suficiente, trata de correr una maratón en ese mismo horario de alimentación. Necesitamos nuestra provisión regular de combustible espiritual para que nos sostenga todo el camino. Y regular significa con frecuencia; y con frecuencia significa por lo menos diariamente. Cuando los seguidores de Jesús le pidieron que les enseñara a orar, él les respondió: “Danos hoy nuestro pan de cada día” (RVR60: Lucas 11:3 – entre otras cosas). Y cuando estuvo tentado a renunciar, también nos recordó: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (RVR60: Mateo 4:4). Nunca se olvide de su fuente espiritual. “Come, y come con frecuencia” fue la clave que me ayudó a perder peso y me introdujo a una vida más saludable. Pudo haber sido la clave para tener un mayor rendimiento en mi primera maratón, pero con seguridad, es la clave para tener una carrera de la fe de mayor duración, mayor poder, y mayor gratificación.

Come de tus Propias Provisiones
La provisión llegó por allá en la milla 22. El evento tenía estaciones de agua oficiales apostadas a lo largo de la ruta pero no había comida sólida sino hasta el último retorno. Para ese entonces, ya yo estaba tan desesperado que me empaqué cuatro galletas energéticas en la boca al mismo tiempo, a tal punto, que no podía respirar, y por lo tanto, no pude seguir corriendo. Por primera vez en toda la carrera había perdido mi ritmo y comencé a caminar para poder masticar. No pasó mucho rato antes de que todos los marcadores de tiempo me fueran dejando atrás, o por lo menos eso me pareció. Entonces fue cuando la parte de “con frecuencia” tuvo sentido para mí; no debí haber esperado tanto tiempo.

Había confiado en la fuente de poder de alguien más. Pensé que iba a encontrar las mismas comidas y en las mismas cantidades durante la carrera, basándome en mi experiencia corriendo la media maratón el año anterior. Pero esta era una carrera diferente y yo no estaba listo. Todo lo que mi hermano pudo ofrecerme al comenzar a correr fue un paquete de gel energético. ¡Muchas gracias, hermano! De verdad que lo aprecio muchísimo… pero eso sólo me sostuvo por la primera hora.

No dependa de los demás para que le llenen, emocionalmente o de ninguna otra manera. He conocido a personas que constantemente necesitan la aprobación, la retroalimentación, y la aserción de los demás para sentirse en poder, satisfechos o seguros, o incluso sentir que tienen algún valor. El valor suyo no depende de lo que otros piensen acerca de usted ni del qué dirán, sino de lo que Dios piensa acerca de usted. Tampoco dependa de lo que su caminar tenga para ofrecerle. Nuestra vida está llena de toda clase de retos. No permita que las relaciones rotas, la crianza de un adolescente, el desempleo o un nuevo empleo, o los cambios en sus condiciones físicas, ya sean por la edad o por una enfermedad, dicten cuál ha de ser su fuente. “Nuestro Dios es como un castillo que nos brinda protección. Dios siempre nos ayuda cuando estamos en problemas” (TLA: Salmos 46:1). Otros podrán orar por usted, pero ¿ora usted mismo? Otros le podrán enseñar, pero ¿estudia usted por cuenta propia? Haga de Dios su fuente y asegúrese que usted mismo venga delante de él regularmente para recibir su porción constante de bien, porque “Dios es quien nos da todo lo bueno y todo lo perfecto” (TLA: Santiago 1:17a).

Come Mientras Entrenas
Seguramente se estará preguntando: ¿Terminaste? Mi compañero de entrenamiento me dijo una vez: “Tu única meta para la primera maratón es terminarla.” Pues sí. Terminé con más fuerzas y más ánimo de los que tenía al comenzar. Pude, como decimos, “botar el resto” para cruzar la meta y aún así pensar en participar otra vez. Incluso me puse a hacer carreras con mi hermano a ver quien llegaba primero al carro. Con todo, mi demandante yo sabía que pude haber hecho un mejor trabajo. Al reflexionar en mi experiencia, me di cuenta de algo crítico:

Había entrenado sin fuente de poder. Nunca me hice el hábito de entrenar mientras comía, ni mucho menos de comer mientras entrenaba. Con la excepción de mis carreras de entrenamiento por sobre las 18 millas, solamente llevaba conmigo agua, pero ningún combustible sólido. No sabía qué era bueno comer para que mi cuerpo respondiera durante el entrenamiento, y se debe entrenar el comer, y el comer con frecuencia, para que el día de la competencia, el comer también sea natural. Asegúrese de probar distintas comidas (frutas, proteínas, granolas, o panes integrales), en distintas presentaciones (gels, píldoras, gomitas, o barras), durante distintos tipos de entrenamiento. Una rata metabólica basal de 2,000 calorías por día sugiere que su cuerpo estará en la capacidad de procesar de 240 a 280 calorías por hora de entrenamiento, dependiendo de la intensidad y de su propio peso. Usted debe recuperarlas cada hora para que su rendimiento sea óptimo y para garantizarle a su cuerpo una provisión continua de poder.1

Todo tiene que ver con el acondicionamiento. Acondiciónese con las cosas invisibles del espíritu para que atraviese las pruebas con fuerzas. Jesús nos prometió: “…el que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna” (NVI: Juan 4:14). Juan Piper dijo en una ocasión:

Dios es energía. Él es poder. Su personalidad irradia con infinita energía. Nunca necesita recargarse. Su sistema no necesita respaldo. Tampoco necesita enchufarse a ningún interruptor. El universo entero se enchufa en él.2

Si nosotros vivimos enchufados a Dios, tendremos acceso a su inagotable fuente de poder.

NOTES

[1] Por ejemplo, vea (en inglés) Los 10 Errores más Grandes que los Atletas de Fondo Cometen, por Nutrición Hammer, Accedido por última vez: Junio 04, 2010 (http://www.hammernutrition.com/hnt/1273/).
[2] Piper, Juan, (en inglés) “Yo Soy el que Soy” dice el Señor, Las Anotaciones de Piper, Accedido por última vez: Junio 04, 2010 (http://www.soundofgrace.com/piper84/091684m.htm).





La Fuente de lo Secreto

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En Febrero del año pasado, mi esposa y yo estuvimos unos días en la bella ciudad de Boston. El día en que llegamos, el clima era fabuloso: soleado y con una temperatura máxima de 50 grados Fahrenheit. Para el último día de nuestro viaje, el sol que habíamos escondido en nuestras maletas desde California había desaparecido. La temperatura había bajado a eso de 20 y tantos grados y había caído bastante nieve. Mientras caminábamos dentro de un almacén ubicado en el centro de la ciudad esa blanca mañana, luciendo la indumentaria para esquiar en las montañas californianas, una pareja que pasó a nuestro lado llevaba puesta ropa de atletismo.

Era obvio por sus caras sonrojadas y sus tenis mojados que recién habían terminado de correr. Mi esposa, asombrada, apenas pudo aguantarse unos segundos antes de hacerme la pregunta: ¿Cómo puede esa gente loca salir a correr en este clima? Una corta nota: mi esposa y yo hemos vivido en California por más de 20 años y crecimos en países tropicales; cuando la temperatura baja a 60 grados en Los Ángeles, ¡es excusa suficiente para usar gorros y bufandas!

Las historias de atletas que entrenan diariamente antes de que salga el sol o que lo hacen en condiciones climáticas extremas no son nuevas ni extraordinarias - aunque pueda parecer una locura para algunos. La mayoría de la gente diría que al comprometerse con una carrera uno simplemente necesita acomodar el entrenamiento necesario con el resto de sus actividades cotidianas. Otras personas tienen pocas alternativas: si viven en el centro de los E.E.U.U. y están entrenando para una maratón en Marzo, por ejemplo, necesitan correr distancias largas durante la época de invierno.

¿Pero que tal aquellas personas que entrenan y compiten en eventos bajo circunstancias exigentes, superando barreras que trascienden el clima o la geografía? El número de participantes en maratones y eventos de Ironman© discapacitados o en recuperación de enfermedades terminales parece seguir aumentando. En nuestro último artículo, el poder de lo secreto fue revelado. ¿Cuál crees tú que es la fuente de la Disciplina para esos valientes?

La fuente de la disciplina puede ser capturada con una sola palabra: Deseo. Remueve el Deseo del emprendimiento de cualquier empresa, y no sólo es prácticamente imposible llevarla a cabo, sino que está destinada a perecer o a convertirse en rutina. Mientras más desafiante sea la tarea, y más alto el premio o lugar que se busca en el podio de los victoriosos, con más intensidad debe desearse.

¿Es uno de tus anhelos el tener a Dios en tu vida permanentemente? ¿Deseas al Señor presente en cada aspecto de tu caminar cristiano? Deuteronomio 4:29 NVI nos expresa cómo debe ser nuestro anhelo: "Pero si desde allí buscas al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, lo encontrarás."

Y el deseo de buscar a Dios encaja con las cuatro dimensiones de la disciplina cristiana de la siguiente manera:

1. La Oración (Entrenamiento)
Si en verdad sientes un deseo intenso por Dios en tu vida, en combinación con la disciplina en la oración, no hay razón para que no puedas acercarte a Él. Una situación interesante sale a florecer, sin embargo: debes desear la comunicación con El, pero la oración es acerca de los deseos de Dios en tu vida.

2. Estudiar las Escrituras (Nutrición)
Tus 'antojos' por la palabra de Dios deben motivarte a leer la Biblia con más frecuencia y buscar Su sabiduría (para nutrirte mejor) y poder mantener tu nivel de entrenamiento en el crecimiento espiritual.

3. El Ayuno (Auto-control)
Tu anhelo de vivir una vida de rectitud con Dios te permitirá controlar tu apetito por los malos hábitos y evitar distracciones en tu acondicionamiento.

4. La Reflexión, el Servicio, y la Alabanza (Cross-training)
El deseo de vivir una vida completa en Cristo debe incorporar también el deseo de servir, una necesidad de estudiar las Escrituras a fondo, y un ansia insaciable por alabar.


Oh Dios, tú eres mi Dios; yo te busco intensamente. Mi alma tiene sed de ti; todo mi ser te anhela, cual tierra seca, extenuada y sedienta. Salmos 63:1 NVI

¡El deseo persistente de tener al Señor en tu vida debería volverte loco! (en el buen sentido de la palabra, por supuesto); ese anhelo debe avivar tu disposición para levantarte media hora más temprano cada mañana para estudiar la Biblia, así como también tu voluntad para dejar a un lado el plan de viernes en la noche a cambio de servir a tus hermanos en la Iglesia.

Ahora que sabes la fuente de la disciplina (lo secreto), pregúntate a ti mismo: ¿Qué tan grande es mi Deseo por tener a Dios en mi vida?





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